Reseña: “tick, tick... BOOM!”

Por Laira Rosario @lairarosario

“tick, tick... BOOM!” es una oda al teatro, a los musicales, a sus creadores y a su fanaticada; de eso no hay duda. La historia está basada tanto en vida real como en ficción y gira alrededor de Jonathan Larson, un dramaturgo y compositor quien entra en crisis antes de cumplir 30 años y darse cuenta de que no ha cumplido sus sueños. Esta crisis afecta todo en su entorno, desde su creatividad hasta su relación con su novia y con su “roommate” y amigo. Los eventos suceden a principios de los años noventa, que fueron los últimos años de vida de Larson. Este dato se comparte desde el principio de la película y aunque no era un secreto para los que tienen conocimiento previo acerca de Larson, la película se hace mejor por compartir ese detalle a aquellos que no lo sabían, como yo.




Y es que el factor tiempo, ese “tick, tick” del reloj, mas que anunciarnos un número con significado asignado por humanos, nos hace un conteo regresivo con el olvido eterno de la muerte. Larson sentía su tiempo extinguirse como si supiera que se le acababa, pero en realidad a todos se nos está acabando. Esa desesperación, frustración, impotencia frente al tiempo es algo tan universal que me atrevo a decir que es imposible que no conectes al menos con esa parte de la película.


Sin ser súper fan de los musicales específicamente (porque me considero fan del arte en general y si conecto con algo, me gusta y ya), considero que “tick, tick... BOOM!” es un proyecto pensado a tal nivel que las intervenciones musicales no son sacrificios del género sino parte esencial de la narrativa. Me explico: las canciones en “tick, tick... BOOM!” no suceden porque “esto es un musical y tenemos que cogernos un break pa’ bailar y cantar”. Entonces, los números musicales se sienten orgánicos e inseparables de la pieza en general.


Una vez dicho eso, hay que hablar de la dirección por Lin Manuel Miranda. Si existía el proyecto perfecto para que él hiciera su debut como director, era éste. Su amor y su conocimiento del teatro son palpables en toda la película. Me atrevo a decir que este es uno de sus mejores trabajos y definitivamente es uno de mis favoritos junto a “Hamilton” y “Moana”. Este no debería ser su único trabajo como director y mucho menos cuando llevó a Andrew Garfield (“The Amazing Spider-Man”) a su mejor desempeño como actor.


Andre Garfield muestra un talento innato e innegable. Aún sin saber quién era Larson, Garfield me dejó saber que era alguien que sentía todo profundamente y que su pasión por su arte podía darle calor al sol. Luego de ver la película, me dirigí a YouTube y a Google --como suelo hacer cuando veo películas basadas en personas que existieron en la vida real-- y fue entonces cuando todo lo que había visto se confirmó: Garfield se convirtió en Larson. Punto.


En cuanto al elenco secundario, cabe destacar, --y en este orden-- a Robin de Jesús (“The Boys in the Band”), quien interpreta a Michael, el amigo y “roommate” de Larson, quien también es uno de los personajes que trae la trama del VIH que fue tan prominente en los años 90. Luego, tenemos a Vanessa Hudgens (“High School Musical”), quien interpreta a una actriz dentro del musical que escribe Larson. Hay una escena, en la que Garfield y Hudgens toman el escenario central para cantar de una discusión de pareja, que por sí sola debería ganar todos los premios. Alexandra Shipp (“X-MEN: Apocalypse”) también se destaca como la novia y un agente un tanto antagonista para el espíritu soñador de Larson.

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No quiero terminar mi reseña sin mencionar que la cinematografía de Alice Brooks (“In The Heights”) complementa muy bien la dirección de Miranda. Hay tomas que se destacan, como la toma de una piscina vista desde arriba mientras Larson nada. Pero hay una escena en la que un restaurante estilo “diner” se convierte en un set de teatro y literalmente tumba las paredes entre realidad y ficción y en la que un sin número de leyendas del teatro hacen de extras. Esa es la escena de la canción “Sunday” y si la película en su totalidad es una carta de amor al teatro, entonces “Sunday” es esa oración que te deja sin aliento y hace que te enamores al instante de todo ser envuelto en escribirla.


Yo entiendo y respeto que no todos somos admiradores de los musicales, y mi primer pedido será que le des una oportunidad a “tick, tick... BOOM!”, pero si aún así no quieres verla completa, entonces al menos ve estos cuatro números y en este orden: “Boho Days”, “Sunday”, “Therapy” y “Real Life”. Eso será suficiente para entender y apreciar el impacto de esta adaptación.





King Richard, competencia para Tick, tick... Boom!








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